Alcachofa de Jerusalén: propiedades, beneficios y recetas

Alcachofa de Jerusalén: propiedades, beneficios y recetas. La alcachofa de Jerusalén es un tubérculo conocido por sus múltiples propiedades que la convierten en un entrenador válido tanto en la cocina como para la salud. Ayuda a combatir el hambre, también es apto para personas con diabetes y un ingrediente versátil en la cocina. Averigüemos cómo usarlo y cómo cocinarlo para realzar el llamado nabo alemán.

Planta de alcachofa de Jerusalén

los Topinambur, El nombre latino Helianthus tuberosus, es un tubérculo también conocido por los nombres de nabo alemán o alcachofa de Jerusalén. Pertenece a la familia del girasol, pero tiene un sabor a alcachofa.

Es un tubérculo que en la antigüedad se llamaba «girasol articocco”(Alcachofa en francés) por el sabor muy parecido al de las alcachofas. Como el girasol, la alcachofa de Jerusalén pertenece a la familia de Asteraceae, se supone que es originario de América del Norte y que era una hortaliza ya ampliamente utilizada por numerosas tribus nómadas de indios. El tubérculo, la parte de la alcachofa de Jerusalén que se consume, pesa una media de 50 a 100 g. Estéticamente similar a las patatas, sin embargo, no contiene almidón y tiene un sabor mucho más parecido al de la alcachofa.

Alcachofa de Jerusalén, propiedades y beneficios

Durante mucho tiempo se dejó de lado su uso en la cocina, también gracias al uso de patatas. Recientemente, sin embargo, ha vuelto a estar de moda también gracias a sus numerosas propiedades. Descubramos todos los beneficios del nabo alemán juntos:

  • Reduce el colesterol. Gracias a la presencia de inulina, una fibra dietética, es capaz de reducir la absorción intestinal de colesterol malo y azúcares. Por tanto, se convierte en un excelente formador en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
  • Apoya el sistema inmunológico. Con su presencia de arginina, un aminoácido que actúa sobre la actividad del sistema linfoide intestinal, es capaz de estimular el sistema inmunológico.
  • Da sensación de saciedad. La preciosa inulina, además de reducir la absorción intestinal de colesterol y azúcares, es capaz de dar una sensación de saciedad prolongada. Si se consume acompañado de una buena cantidad de agua, ayuda a regularizar el intestino y desinflar la barriga. También tiene un buen efecto diurético que, asociado a un bajo contenido en sodio, le permite contrarrestar la retención de agua y la celulitis. Todos estos factores, tomados en conjunto, muestran cómo la alcachofa de Jerusalén puede ayudarlo a perder peso.
  • Excelente índice glucémico: La alcachofa de Jerusalén tiene un índice glucémico bastante bajo, lo que la convierte en un alimento considerado adecuado incluso para quienes padecen diabetes. El índice glucémico de la alcachofa de Jerusalén es igual a 50, muy inferior al de las patatas que, en cambio, tienen un índice glucémico de 117 cuando se cocina en el microondas, 93 cuando se cuece al vapor y 77 cuando se hierve. Su valioso contenido de inulina lo hace perfecto para la diabetes o los trastornos pancreáticos. De hecho, si el almidón se transforma en glucosa en el primer tracto intestinal, la inulina se absorbe en el colon evitando elevar el nivel de azúcar en sangre.
  • Lucha contra el estreñimiento. Gracias a su alto contenido en fibra (2,7 por 100 g) es capaz de favorecer la digestión y el buen funcionamiento del intestino. También mejora la digestión y reduce la formación de gases intestinales gracias a la inulina, sustancia definida como prebiótica, su presencia favorece el crecimiento de bifidobacterias y lactobacilos, contrarrestando el de bacterias patógenas y, por tanto, reequilibrando la flora intestinal. Todo esto contribuye a incrementar el sistema inmunológico.
  • Alimentos detox: Es un tubérculo con un alto poder desintoxicante; especialmente útil después de una toma prolongada de antibióticos.
  • Sin gluten
  • Alto contenido proteico
  • Combate la anemia
  • Combate el estrés y la fatiga

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Alcachofa de Jerusalén: valores nutricionales

Al analizar los valores nutricionales del nabo alemán, podemos ver fácilmente lo valioso que es para nuestra salud. De hecho, es una buena fuente de azúcares, sales minerales y fibras. Es una excelente fuente de potasio, 429 mg%, (contiene más que el plátano) y también es rica en otros minerales esenciales para la salud del organismo como magnesio, fósforo, hierro y zinc. No contiene glucosa sino fructosa. También hay vitaminas A, B, C y E. No contiene gluten y, por este motivo, puede ser consumida por quienes padecen enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten.

En cuanto a la alcachofa de Jerusalén cocida, CREA no reporta otros valores nutricionales relevantes. El consumo de alcachofa de Jerusalén cruda, por otro lado, le permite mantener intacto su contenido de vitaminas y sales minerales. El USDA ha creado una tabla con valores nutricionales correspondientes a 100 gramos de alcachofa de Jerusalén fresca y cruda.

100 gramos de alcachofa de Jerusalén fresca y cruda contienen:

  • Energía 73 Kcal
  • Carbohidratos 17,44 g
  • Proteína 2 g
  • Grasa total 0.01 g
  • Colesterol 0 mg
  • Fibra 1,6 g
  • Folato 13 µg
  • Niacina 1,3 mg
  • Ácido pantoténico 0,397 mg
  • Piridoxina 0.07 mg
  • Riboflavina 0.060 mg
  • Tiamina 0,200 mg
  • Vitamina A 20 UI
  • Vitamina C 4 mg
  • Vitamina E 0,19 mg
  • Vitamina K 0,1 µg
  • Sodio 4 mg
  • Potasio 429 mg
  • Calcio 14 mg
  • Cobre 0,140 mg
  • Hierro 3.40 mg
  • Magnesio 17 mg
  • Manganeso 0.060 mg
  • Selenio 0,7 µg

Estacionalidad de topinambur

Los tubérculos de alcachofa de Jerusalén se cosechan generalmente en invierno. Su temporada más adecuada es de octubre a marzo. Hay dos variedades de este alimento: la alcachofa de Jerusalén burdeos, que se encuentra de octubre a abril, y la alcachofa de Jerusalén blanca, disponible en el mercado desde finales de agosto.

Elija y almacene la alcachofa de Jerusalén

Para elegir un buen tubérculo procura siempre comprobar que esté firme, sin magulladuras ni heridas. En general, las mejores son en forma de huso, rosadas y lisas. Preste especial atención al almacenamiento, que no es tan fácil como el de las patatas. De hecho, tiene una piel fina y tiende a arrugarse perdiendo rápidamente su frescura. Lo ideal es conservarlo en el frigorífico no más de una semana, metiéndolo en el compartimento de frutas, dentro de una bolsa de comida.

Cómo limpiar la alcachofa de Jerusalén

La alcachofa de Jerusalén se caracteriza por una forma abultada y una piel irregular que no hace que el procedimiento de limpieza sea muy sencillo. Cuando la piel esté fina es suficiente cepillar y enjuagar el tubérculo para eliminar la tierra. Si, por el contrario, es necesaria una limpieza más profunda, conviene utilizar un pelador de patatas o un cuchillo afilado. Pero cuidado, tiende a ennegrecerse las manos y es útil realizar las labores de limpieza con guantes.

Cómo cocinar alcachofas de Jerusalén

Como ya se mencionó, la alcachofa de Jerusalén se puede comer cruda o cocida según los gustos personales. Si quieres cocinar, puedes elegir entre varias opciones:

  • alcachofa de Jerusalén hervida
  • al vapor
  • alcachofa de Jerusalén frita
  • horneado
  • topinambur salteado en una sartén

La cocción es similar a la de las patatas. En 10 minutos se cocinan hervidos si se hacen en trozos pequeños, en lugar de ello se cuecen unos 20 minutos. Si opta por comerlos crudos, tenga cuidado de espolvorearlos con jugo de limón para evitar que se oscurezcan.

Contraindicaciones

Si se consume en grandes cantidades, la alcachofa de Jerusalén, debido a la presencia de inulina, puede molestar a quienes padecen de colon irritable o hinchazón y causar flatulencia y diarrea. Para asegurarse de que no tiene problemas, simplemente agréguelo a su dieta en pequeñas cantidades. Luego puede aumentar gradualmente hasta 2 o 3 veces por semana.

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